PASIÓN Y HERENCIA

Aunque nuestros orígenes están en La Rioja, donde el vino forma parte de nuestra identidad, nuestro camino como productores de aceite comenzó casi por casualidad. Un día de otoño, de viaje por el sur, topamos por azar con un olivo viejo en El Burgo (Málaga), en plena Sierra de las Nieves. Aquel encuentro inesperado, bajo la sombra de un árbol centenario en una tierra que no era la nuestra, fue el germen de Aguirrebeña. Lo que empezó como una conversación sobre la suerte de los olivares abandonados se convirtió en una misión: recuperar fincas olvidadas, preservar el patrimonio olivarero de la Sierra de las Nieves y traducirlo al lenguaje universal del sabor.

Aguirrebeña nació de aquella emoción. No de un plan de negocio ni de un cálculo de rendimientos, sino de la certeza de que había algo que rescatar y algo que compartir. Desde entonces, hemos aprendido a escuchar a la tierra, a leer los signos del cielo y a cuidar cada fruto como si fuera único. Creemos que el aceite puede ser un puente entre generaciones, un hilo que cose paisajes, cuerpos y memorias.

Desde entonces caminamos de la mano de agricultores locales, herederos de técnicas transmitidas de abuelos a nietos. Son ellos quienes nos recuerdan que el olivo te devuelve multiplicado lo que le das. Su sabiduría y nuestra determinación se funden en cada botella.

Hoy, Aguirrebeña es ese sueño hecho aceite: una pasión y una herencia que se saborean en cada gota.

AGUIRREBEÑA COMPAÑÍA DE VINOS Y ACEITES