En el corazón de la Sierra de las Nieves, declarada Parque Nacional y Reserva de la Biosfera por la UNESCO, se alza El Burgo

Suelos que guardan memoria

En estas laderas abruptas y terrazas naturales nacen olivos resilientes, frutos que saben a autenticidad y aceites que hablan de verdad.

Un clima que forja la personalidad

El Burgo disfruta de inviernos fríos, veranos intensos y un marcado contraste entre el día y la noche. Esa oscilación térmica es la clave: estimula la síntesis de polifenoles y antioxidantes naturales, los responsables de la fuerza, la longevidad y los beneficios saludables de nuestros aceites.

Aquí nace el río Turón, entre rocas calizas y antiguos caminos de pastores. Sus aguas cristalinas riegan olivares centenarios que se aferran a laderas abruptas y a bancales construidos con paciencia y manos curtidas por generaciones.

Un aceite es siempre hijo de su tierra, y pocas tierras en el mundo poseen la fuerza, la singularidad y la belleza de la Sierra de las Nieves. Este es el lugar donde nacen nuestros aceites. Porque para entender Aguirrebeña, primero hay que entender esta tierra.

La Sierra de las Nieves es mucho más que el telón de fondo de Aguirrebeña. Declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1995 y elevada a Parque Nacional en 2021, se convirtió en el decimosexto parque nacional de España. Este doble reconocimiento subraya la singularidad de un territorio que conjuga pinsapares –nuestro abeto andaluz– con peridotitas rojizas, encinares, quejigos y olivares que prosperan por encima de los mil metros de altitud. Es uno de los espacios naturales más valiosos de Andalucía y el único parque nacional de la provincia de Málaga.

Suelos que guardan
memoria

Los suelos de la Sierra de las Nieves son mayoritariamente calizos y dolomíticos, con bajos niveles de materia orgánica pero muy ricos en minerales. Estas características, lejos de ser una limitación, fuerzan al olivo a profundizar sus raíces y a extraer con esfuerzo los nutrientes que necesita.

El resultado es una maduración lenta y equilibrada de la aceituna, que concentra aromas, sabores y una estructura mineral única.
En estas laderas abruptas y terrazas naturales nacen olivos resilientes, frutos que saben a autenticidad y aceites que hablan de verdad.

El Burgo disfruta de un clima mediterráneo de montaña, con inviernos fríos, veranos intensos y un marcado contraste entre el día y la noche. Esa oscilación térmica es la clave: estimula la síntesis de polifenoles y antioxidantes naturales, los responsables de la fuerza, la longevidad y los beneficios saludables de nuestros aceites.

En este microclima singular, el olivo encuentra equilibrio: veranos más frescos gracias a las brisas del Turón, inviernos suaves que protegen la floración, y un régimen de lluvias moderado (726 mm anuales) que se concentra en los meses de frío. El resultado es un crecimiento pausado y constante, libre de los excesos climáticos.

 

De esta unión entre suelos austeros y clima extremo surge un carácter inconfundible: aceites densos, persistentes y llenos de matices, auténticos elixires verdes de la Sierra de las Nieves.

UN CLIMA QUE
FORJA PERSONALIDAD

AGUIRREBEÑA COMPAÑÍA DE VINOS Y ACEITES